viernes, 18 de marzo de 2011

El Arca Espacial

Pasan por mi vera bombas, meteoritos, calaveras
Y polvo de estrellas
Cargo camellos y rinocerontes,
Llamas, tapires, golondrinas, jirafas y hormigueros.
Voy llenando el Arca espacial de especímenes de toda especie,
Recogeré larvas, huevos, capullos, orugas, panales, crisálidas
Y poblaré el lejano planeta
De vida en los pantanos, de lagunas y de ríos
De cumbres, rocas y cascadas, de remolinos y de tempestades,
De cuarzos y granitos, de pórfidos y vidrios, de cristales y marfiles,
De jardines y de bosques
De nubes, lluvias, brumas, brisas y de rayos de sol…
Llevaré aves y jaguares,
Plumas, pieles, uñas y colmillos,
Cigarras y luciérnagas, suspiros y sonrisas,
Cetáceos, tiburones, pejerreyes.
Se alzarán los árboles
Se abrazarán las cimas
Y bajo una lluvia intermitente y el aleteo de las mariposas
Trataré de construir allá a lo lejos,
Otra vez
En un espacio que está renaciendo de cenizas grises
Aquel paraíso que un día tuvimos y que, irresponsablemente,
Hemos destruido.

lunes, 7 de marzo de 2011

Superficialidades

Lo superfluo me aplasta. Cuando logro librarme de los objetos que no uso y que llenan mi espacio vital, suspiro aliviada, me siento liberada y puedo llegar a concretar mi pensamiento.


Las casas que amé fueron cayendo por su propio peso, por el pasar de los años o por otras construcciones horrendas que se edificaron encima. No importa, puedo amar otra vez.


De niña vivió en un silencio obligado para no molestar al padre que escribe cosas serias. Paseaba, en punta de pies, entre altísimos estantes repletos de libros hasta que la consumió tanta sabiduría.


Pasó años de su vida aprendiendo, por osmosis, los muchos sucesos históricos, fantásticos, mitológicos que pueblan las mentes de las civilizaciones. Era un ratón de biblioteca.

El consumismo la obligó a comprar lo innecesario hasta que no pudo respirar y murió aplastada entre lámparas y electrodomésticos inservibles, divanes con las tripas afuera, ropa demasiado pequeña y altos de cremas y detergentes sin usar.

El dios sol

El Sol se enojó. Ya nadie cree que Él es dios.
¡Qué herejía! ¡Qué desilusión!
Él, fuente de energía celestial con centauros a su disposición y planetas joviales que lo adoran, tiene la cara llena de manchas por la rabia al ver opacada su corona. Envía vientos solares hacia el Ande y se hincha volviéndose cada vez más monstruoso y gigantesco.
Con una mano lanza centellas y todos los rayos que encuentra hacia los pobladores: rayos gama, X, UV, catódicos, laser, ultravioleta y hasta los rayos de su microondas personal. Castigará a los andinos y disolverá los hielos, los carámbanos y los Entonces, Eva Yupanqui morderá la manzana del único árbol sobreviviente y nuevamente Él será el dios Sol.

Sótanos, áticos y depósitos

Es muy triste que ya no existan los sótanos, áticos y depósitos en las antiguas casas familiares. Recuerdo que cuando era niña vagaba por esos lugares buscando tesoros, como podían ser antiguas monedas, tapas doradas de lapiceros de tinta, discos de la vitrola con manizuela, baúles llenos de ropa de terciopelo y encaje, cartas desteñidas por el tiempo y el aire salado de los barcos. Así también, cintas separadas en cajas, como largas o cortas y esas últimas servían para adornar a mis muñecas.
Una vez encontré un espejo de marco dorado con un fantasma al fondo que me conversaba. Traía un pañuelo bordado con manchas de rouge y de vino tinto, como triste recuerdo de la última fiesta a la que asistió. Lo reconocí luego entre los retratos oscurecidos de personajes atemorizantes que se guardaban en el ático. El fondo mostraba un cielo tempestuoso y un paisaje demasiado alucinante para ser real. Los relatos de viajes y aventuras de mi amigo del espejo, llenó mi imaginación de fantasía desde muy tierna edad. Entonces no existía el televisor y yo pasaba horas delante del antiguo espejo escuchando sus historias.
Hoy, cuando veo que se botan a diario los lapiceros, los pañuelos, o se cambian los celulares, las casas y hasta las parejas cada año, me pregunto ¿adónde va todo eso? ¿Y las personas olvidadas, se esconderán en los espejos? Por las dudas, nunca dejo de atisbar los reflejos en cada uno de ellos que veo, porque quizás pueda encontrar otra vez al fantasma de mi niñez para agradecerle por las horas encantadas que pasó conmigo y decirle que yo sí lo recuerdo con cariño.